Militar es cambiar caras tristes por sonrisas, es transformarle por un instante la vida a una persona en el medio de sus problemas cotidianos, es ayudarlo a resolver aunque sea uno de esos problemas. Hacer política es juntar firmas entre los vecinos para que el municipio ilumine cierta cuadra, es acompañar en el dolor a una persona, es tender una mano al que más lo necesita, es prestar tu dinero o tu tiempo al que más lo necesita. La política es una ciencia social destinada a encontrar las soluciones a los problemas cotidianos de las personas. Hacer política es amar al otro como a uno, es sentir compasión por el que no tiene nada y es ofrecer su corazón al que está triste. Hacer política es ser compañero con tus familiares y amigos, pero también con tus semejantes a los que no conoces. La política no es una profesión, es una vocación social, y que todos o la mayoría la practicamos. Hacer política no es sólo ser elegido para representar a tu comunidad o para administrar un municipio, una provincia o tu país, ni tampoco para ser presidente de un club o de una asociación civil, también es limpiar un terreno entre los vecinos o llevar a tu vecino o vecina al trabajo porque se le rompió el auto, o ayudar al tu compañero o compañera con la tarea. Por eso cuando decimos que no nos gusta la política, en realidad estamos diciendo que no no gustan las roscas entre diputados, la corrupción en el congreso o en el poder legislativo, o en el judicial, o no nos gusta tener que votar a personas que consideramos malos o no aptos para los cargos a los que se postulan, o no nos gusta el proselitismo. Porque la política es ayudar al otro y eso les gusta a casi todos.

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